Pirámides: No fueron construidas por los esclavos

Desmitifican la construcción de las pirámides

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¿Mito o verdad?

En el 2010, un turista norteamericano paseaba a caballo por Egipto, cuando el animal se tropezó con algo. Eso llevó al descubrimiento de unas tumbas que negaron el mito: no fueron los esclavos los que construyeron las pirámides.

Esa creencia se basó en los documentos de Heródoto, quién decía que habían 100.000 esclavos en trabajos forzado, pero se popularizó gracias a la industria del cine. Ahora, es difícil imaginarlo de otra forma.

Pero, en realidad, aquellos que construyeron las pirámides, eran trabajadores pagos y muy respetados. Además, estos trabajadores realizaban turnos de 3 meses para luego rotar con otros trabajadores. Sin duda, no debían de ser más de 10.000 las personas las que se necesitaron para construir esos monumentos.

Muy diferente a lo pensado, el pueblo egipcio veía la construcción de estos edificios como un proyecto nacional. Era común participar voluntariamente de la actividad. También, se ha podido constatar que, debido a esa idea de proyecto nacional, las familias egipcias se encargaban de darles de comer a estas personas. Entonces, como agradecimiento por su esfuerzo, el pueblo enviaba todos los días 21 cabezas de ganado y 23 ovejas para los trabajadores.

Arqueólogo: Lehner – Fotografía tomada por John Broughton

Este descubrimiento se hizo a partir del hallazgo de las tumbas, que se encontraban medianamente cerca de las pirámides. Estas nuevas tumbas eran demasiado honorables para ser de esclavos y revelaron muchos más secretos sobre esta cultura y su arquitectura.

Rasgos físicos de los cuerpos de los trabajadores encontrados en las tumbas:

  • Eran su mayoría hombres que habían fallecido entre los 30-35 años
  • Se veía en sus cuerpos que sufrieron artritis
  • Que habían recibido atenciones médicas (re-colocación de huesos sobre todo)
  • Había dos mujeres que padecían enanismo

Para más información sobre el descubrimiento de las tumbas, los arqueólogos y otros datos curiosos, podés leer el artículo de Harvard y el de The Guardian.

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