“Habitar (nos), el desafío de la vejez” según Sol Rodríguez Maiztegui

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El Centro de Día Justa Fragueiro de Moyano es un espacio -del que ya hemos hablado alguna vez- que trabaja con personas mayores “con vulnerabilidad psicosocial”. En abril cumplió 12 años y con esa excusa, Carla Gaiteri, su coordinadora -y amiga- me invitó a reflexionar sobre este lugar ubicado en pleno centro de la Ciudad de Córdoba. Un espacio que no sería tal sin las personas que lo habitan.

Carla me pasó por Whatsapp unas fotos en las que no aparecían personas. “No sucede mucho, pero hoy, a esta hora, casi todos los ambientes están deshabitados”, me explicó. Y junto a esa advertencia me compartió algunas fotos más. Mirarlas fue invitarme a reflexionar sobre cuán importantes son los espacios habitados, con historia, con trayectos, recorridos y con esa energía que solo es posible hallar cuando las personas se los apropian.

Siempre podemos llenar los espacios. Aún en los contextos más hostiles.

Quienes han elegido hacer de “La Justa” (como le dicen al centro) su casa, son personas que, en algún momento de su vida, eligieron (o no) “deshabitarse”. Para mí, “deshabitarme” es enojarme con la vida, con sus desafíos, penas, y dolores. Con el paso del tiempo y con este cuerpo al que a veces le agradezco que me haya traído hasta acá, pero otras tantas le reprocho sus achaques y pérdidas.

Deshabitarse en la vejez no es tarea sencilla. Sería casi como extirparse la piel. Escindirnos de lo que somos al punto de quedar vacíos. Y aunque lo hiciésemos meticulosamente nos terminaríamos dando cuenta que es imposible lograrlo. Porque siempre hay alguien o algo que nos arrastra al presente. Que nos conecta con quienes somos y nos ayuda a habitarnos nuevamente. Siempre, siempre… un familiar nostálgico, un amigo perdido, un vecino atento, el comerciante del barrio, el peatón habituado, la mascota de turno, el detallista de paisajes, el cartero que ya no llama, el turista que pasa y nos mira a los ojos o ese centro, espacio o institución para quien no somos un número más. Como “La Justa” que alberga y acaricia, que te advierte sin condicionamientos que no importa cuán perdidos hayamos estado, siempre hay nuevas oportunidades para volver a empezar.

En el centro de la Ciudad de Córdoba, vive un espacio habitado que no pregunta, simplemente abre sus puertas, que no juzga, simplemente ofrece.

¡Feliz cumpleaños “La Justa”! brindo por tu envejecimiento y por los viejos y viejas que lo habitan. Brindo para que tu impronta se multiplique y cada vez existan más lugares dispuestos a habitar la vejez.

Porota
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