Escuchar música en streaming: ¿Contaminamos sin saber?

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(Por Luis Marcial Sandri) ¿Enserio? Si, nosotros tampoco lo podíamos creer. El uso de internet es uno de los grandes contaminadores del medio ambiente e incluso utilizar plataformas de streaming para escuchar música eleva aún más los niveles de emisión de CO2.

La Universidad de Glasgow realizó un estudio sobre ello y estos datos arrojo:

Pese a que el lado económico logró descender, el precio ambiental para lograrlo fue en alza. En 1977 el costo ambiental de producir 344 millones de vinilos en Estados Unidos fue de 58 mil toneladas de plástico, sumado a las 140 mil toneladas de gases contaminantes.

Acercándonos a tiempos contemporáneos, los números sólo demuestran el lugar del medio ambiente en las prioridades del ser humano. Entre 2013 y 2016, sólo se produjeron 8.000 toneladas anuales de plástico. Sin embargo se produjeron 200 y 350 mil toneladas de gases con efecto invernadero. ¿Cuanto? Más del doble que la década anterior.

“Antes ibamos en el auto hasta el videoclub para alquilar una película. Hoy se puede ver por streaming y eso ahorra un tercio de energía” explica Tilman Santarius científico y profesor del Instituto Wuppertal para el Clima, el Medio Ambiente y la Energía, y añade: “Pero cómo es tan cómodo y rápido, consumimos aún más que antes”

Éste efecto rebote explica cómo las plataformas de streaming luchan por un mercado tan amplio. Spotify, YouTube Music, Amazon Music, Deezer, entre otras, están al alcance de un click y ofrencen música de calidad en el momento exacto que uno lo desee. Sin embargo, para que cada una de ellas funcione correctamente, se necesita mucha energía (algunos datos hablan que el 2% de energía mundial se utiliza en la gestión de datos) generando un impacto ecológico de enormes cantidades.

“Al abrir una aplicación, gastamos un tercio de la energía en el dispositivo y dos tercios en la provisión y transferencia de datos” explica Santarius demostrando que, aunque no parezca palpable, el streaming se convirtió en uno de los grandes contaminadores del siglo XXI.

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